19 octubre 2003

Entre el hambre y la guerra

De acuerdo a los últimos datos del Censo Nacional de Población y Vivienda 2001, el 58.6% de la población boliviana es pobre (34.22% es pobre moderado, 21.69% es indigente y 2.68% vive en la marginalidad); es decir, carecen de servicios de agua y saneamiento, residen en viviendas precarias, tienen muy bajos niveles educativos y severos déficits en la atención de salud.

Dos de cada tres bolivianos no alcanzan ingresos per cápita (por hogar) necesarios para satisfacer sus necesidades alimentarías, personales y básicas; y uno de cada tres es extremadamente pobre, es decir, con los ingresos personales ni siquiera logran cubrir sus propias necesidades alimentarías.



Según datos del gobierno, la tasa de desempleo abierta es del 8.7% y de acuerdo al anuario estadístico de la CEPAL (Centro de Estudios Para América Latina), de la población ocupada urbana el 52.4% trabaja por cuenta propia, o sea, no es asalariado (44.5%) o empleador (3%).

El los últimos veintiún años de democracia, el crecimiento económico ha sido deficitario en relación al crecimiento vegetativo de la población. Las exportaciones han crecido sólo un 20% y tenemos una economía pequeña, con un marcado sesgo hacia la producción de bienes primarios (materias primas), de muy bajo valor agregado.

Con el perdón por la letanía de tantos números, era sin embargo inevitable recalcar estos datos para que los brillantes políticos nacionales e internacionales, comiencen a entender que cuando el pueblo decide salir a las calles, antes ha tenido que tomar la decisión de morir en su casa de hambre; con la vergüenza de la mirada de su familia y comunidad, o morir luchando por lo que intuyen puede ser un futuro mejor para sus hijos. Porque por lo menos morir por un movimiento reivindicatorio, le va permitir legar dignidad a su familia, que no se la pudo dar a partir del orgullo de ganarse el pan de cada día trabajando.

Lo que tienen que entender los organismos internacionales que piden defender a ultranza al gobierno legalmente constituido, es que esta “casta democrática partidaria política” no ha sido capaz de resolver los problemas básicos de este pobre país, que históricamente ha servido para enriquecer a unas cuantas familias y a otras naciones que aprovecharon los gobiernos de turno que gobernaron en la búsqueda de articular sus intereses corporativos, olvidándose y postergando con discursos dilatorios a un pueblo que confió en ellos, pero que ya no está dispuesto –como decía Wiston Churchill- a que confundan su silencio con la estupidez...

Lo que todos tenemos que entender, es que la soberanía del país reside en el pueblo, tal como reza nuestra constitución y si nos piden respeto a ella, lo que estamos pidiendo es lo mismo a nuestros gobernantes que sólo la usan para legitimar sus puestos de gobierno. La constitución también dice que “la organización económica debe responder esencialmente a principios de justicia social que tiendan a asegurar para todos los habitantes, una existencia digna del ser humano” y “...al fortalecimiento de la independencia nacional y al desarrollo del país mediante la defensa y el aprovechamiento de los recursos naturales y humanos en resguardo de la seguridad del Estado y en procura del bienestar del pueblo boliviano”.

Es muy fácil gobernar cuando tengo todos mis problemas y de mi familia resueltos... pero quien no los va tener resueltos ganando 24 000 Bs/mes; salario de un diputado, es decir 40 veces más que el promedio boliviano (600 Bs/mes), peor aún si analizamos a esas dos terceras partes que decíamos a un principio eran pobres que -según Hernani- viven con 194 Bs/mes y que los pobres extremos tienen que vivir con tan solo 127 Bs/mes.

Si esto no es suficiente para la indignación, por lo menos que nos de vergüenza que a título de defender la democracia han matado a 62 bolivianos; niños, mujeres, hombres, que no creo que hayan tenido la oportunidad de realizar este análisis y son llorados por otros tantos que tampoco, dadas las condiciones actuales podrán desarrollar sus potencialidades y ejercitar sus plenos derechos.

¡Por favor!, la democracia no es el presidente, ni las FF. AA. tienen la obligación de defender a un gobierno legalmente constituido que esta atentando contra la seguridad y estabilidad de la República, pues el articulo 208 de la constitución también les asigna la misión de defender el Honor Nacional hoy manoseado por politiqueros. Hasta cuando tendrán que aguantar mancharse de sangre, por decisiones de aquellos que después de lanzar la piedra esconden la mano?

No, no queremos más gobernantes que no conozcan Bolivia, las dos, las tres o las diez Bolivias, que comenten lo que sucede en nuestro país como ajenos a la realidad sin asumir la mínima responsabilidad, queremos gobernantes que no pongan en riesgo el futuro de nuestros hijos, por su soberbia y ceguera. No queremos gobernantes que nos obliguen a debatirnos entre el hambre y la guerra.

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