21 octubre 2003

La política se acabo...

La política prebendal, corrupta, fraudulenta, oportunista e impune que acuñaron los partidos políticos, se acabo. Si se acabo, porque se olvidaron que la política es el arte de gobernar los pueblos buscando el bien común. Se puso a la política al servicio de los intereses individuales, de los amigos e intereses económicos corporativos de aquellos que gozaron del monopolio de la representación popular. Con ella se fue toda una generación; los Sanchez, los Paz, los Reyes, los Fernandez y los Morales.

A través de la apatía y del conformismo, los ciudadanos casi nos convertimos en sus cómplices. Lo único que hacíamos era ejercer nuestro derecho al voto, y a título de la democracia representativa, unas minorías insignificantes, tomaban grandes decisiones que tiranizaron la vida de los demás.


Pero el pueblo dijo ¡Basta! y pidió respeto a su voz y ahora reclamamos participación, participación en la información, discusión y toma de decisiones. En hora buena sea entonces que la política se haya acabado, pues nos va permitir construir la “bolitica”. No, no me he equivocado, la “bolitica”; es decir un nuevo concepto de política boliviana, donde se usen los espacios públicos y sus instituciones para discutir, para pensar y finalmente para generar consensos que sean base para el presente y futuro de nuestro país.

Los partidos políticos tendrán a su vez que sufrir un serio proceso de transformación o estarán condenados a morir. En este proceso tendrán que entender que no se puede pregonar democracia cuando se actúa al interior de ellos bajo el régimen del dedazo. Tendrán que entender que la discusión enriquece la construcción del ideal y la coerción destruye cualquier oportunidad de desarrollo. Tendrán que entender que ya no pueden seguir tolerando o fomentando la corrupción, la prebenda y la coacción. Si no comprenden alguna de estas cosas, no habrán entendido lo que ha pasado y serán arrollados por la historia.

A su vez, la sociedad civil; tiene la oportunidad histórica de convertirse en actor fundamental de esta nueva era, donde la libertad se entienda como la responsabilidad del bien común, de la tolerancia, de la inclusión, de la diversidad, de la dignidad.

El propósito es devolverle el poder al ciudadano, centrar la atención en sus demandas y consultarle al mismo tiempo sobre las posibles soluciones. Para esto es fundamental la formación de nuevos liderazgos barriales, locales, regionales y nacionales.

Parece que el Presidente se ha puesto a la vanguardia de la construcción de esta proyecto, dando señales claras de que es hora de despartidizar al aparato burocrático del estado; que hasta ahora solo ha sido ineficiente y corrupto, que es hora de consultarle al pueblo sobre los temas importantes para nuestro país, y finalmente, convocar a una Asamblea Constituyente, que se convierte en la oportunidad histórica que tenemos para diseñar -entre todos- desde cero el tipo de sociedad, de instituciones y de país que queremos. En pocas palabras la Bolivia que queremos.

Ha llegado la hora de democratizar la democracia, ha llegado la hora de soñar despiertos...

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