13 febrero 2015

Energía y política exterior

No es casual que después de más de 50 años Estados Unidos haya decidido cambiar su política exterior respecto a Cuba.

Los altos precios del petróleo han logrado grandes inversiones en todo tipo de energías, poniendo en riesgo la dependencia del combustible fósil utilizado como principal fuente de energía. Las grandes reservas de petróleo de esquisto que se han descubierto en Estados Unidos; que se explota mediante el fracking o fractura hidráulica, han generado un desbalance en el mundo energético convirtiéndolo en un nuevo jugador de la oferta.

Desde la década del 70 no había logrado la mayor producción doméstica de crudo, por lo que pasó de ser un voraz comprador a un potencial vendedor de hidrocarburos, necesitando con urgencia abrir mercados.

El mercado natural de Estados Unidos es Latinoamérica, por lo que lo primero que necesita es cambiar su imagen del “Imperio” por una más suave que le permita ofrecer shale gas o shale oil y poder competir con Petrocaribe; empresa creada por el extinto presidente Hugo Chávez para controlar los votos de estos países en varios organismos internacionales (ONU, OEA, etc.) a cambio de petróleo subsidiado por Venezuela.

La baja del precio del petróleo pone en riesgo que Petrocaribe pueda seguir subsidiando a estos países y los obliga a pensar en la necesidad de sustituir esta fuente de energía, para lo cual necesitan cambiar sus políticas de protección a inversiones privadas en especial en esta área.

Pensando en esto, Estados Unidos realizó la primera Cumbre de Seguridad Energética en el Caribe poco después del anuncio del Presidente Obama de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba y pedir al Congreso Norteamericano levantar el embargo a la isla.

El desarrollo de la industria y por ende el crecimiento económico de cualquier país son una variable dependiente de la energía, por lo que sus relaciones exteriores están basadas en el balance energético interno y externo. Un Estado serio, diseña principalmente su política exterior en función de su matriz energética y su dependencia tecnológica.

Cuando un país es altamente dependiente de los ingresos generados por las materias primas; en especial de combustibles fósiles, sin haber logrado procesos de industrialización y diversificación de su economía, está sujeto a que los precios internacionales fluctúen en función de variables tecnológicas y políticas que no son controlables ni predecibles.

En Bolivia hemos transitado modelos económicos, pero siempre hemos mantenido el mismo patrón monoexportador de materias primas. La década de la bonanza de materias primas, parece haber concluido y lamentablemente no hemos aprovechado nuestro potencial energético (solar, eólica, hidráulica, geotérmica, biomasa, gas natural y litio) y nuestra posición geopolítica estratégica para convertirnos en el centro energético del cono sur.

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