Llamémosla doña Teodora. No existe, pero se parece a miles de vecinas del Distrito 9 de Cochabamba. Su casa no tiene conexión a la red y compra el agua por turriles de 200 litros, a unos 14 bolivianos cada uno. La semana pasada escuchó que podía costar 25 o 35. Nadie le explicó el Decreto Supremo 5716. Solo supo que el diésel había subido y que el camión que trae su agua funciona con diésel. Hace quince años escribí en estas mismas páginas una columna titulada "Ser pobre es