21 noviembre 2002

La asamblea constituyente

Durante la campaña electoral pasada, duras fueron las peleas de quienes se adjudicaban la paternidad de la idea de la Asamblea Constituyente.

Comenzando por quien días atrás la vuelve a mencionar como si todavía estuviera en campaña, atribuyéndose ser el primero en proponerla, aunque a la fecha no se sabe claramente para qué, ni cómo, ni porque. Pasando por quien la usó como su único eje de discurso, que en un principio lo llevó a estar peleando los primeros lugares de las encuestas, pero ya vimos que por boca propia se cayó, seguramente para comprobar el mismo que el país no lo merece. Y terminando en los intentos desesperados de montarse al caballo de la idea que parecía concentrar las demandas de participación de la población a la clase política.


Pero parece que al pasar el tiempo, el gobierno actual ha tenido la habilidad de desviar el interés del tema –será porque además el principal partido de gobierno no creía en este reclamo popular- con una estrategia que a propios y ha extraños nos ha sorprendido desconociendo al ex Ministro de Gobierno y actual Ministro de la Presidencia, en una posición de conciliación irreconocible.

No solo han logrado que nos olvidemos del asunto, sino que además están logrando convertir a Evo Morales otra vez en el dirigente sindical de los cocaleros que solo representa a este sector y que no representa a una sociedad cansada de lo mismo y que votó por el, con la esperanza de que el podría representar a la grandes mayorías con el eslogan de “somos MAS”.

También ha logrado, a través de un “fast track”, que el Mallku deje sus posiciones intransigentes y pase de ser un irreverente a un parlamentario muy educado.

Si bien algunos ciudadanos comunes, no creíamos que la Asamblea Constituyente por si misma resolvería las grandes diferencias que existe en nuestro país, también creíamos necesario su conformación como un pacto social entre todos los bolivianos, que fuera incluyente y no excluyente, que reconociera la diversidad como una oportunidad y no como una amenaza. E intencionalmente no digo un nuevo pacto, porque nunca ha existido un pacto real entre todos los habitantes de nuestro rico país.

Inclusive hubimos algunos que trabajamos en encontrarle una salida constitucional a la Asamblea Constituyente que evitará que la “mañudería” política nos privara de esta oportunidad. Una de las grandes contribuciones que tuvo la Ley 2235 del Diálogo Nacional –aunque no creo que haya sido intencional- fue que en su artículo 33 previó (...sig) “El Poder Ejecutivo en el ámbito de su competencia y conforme a las atribuciones y facultades establecidas por las disposiciones legales vigentes, al menos una vez cada tres (3) años , convocará a las organizaciones naturales de la Sociedad Civil al Diálogo Nacional, a los efectos de promover la concertación de políticas públicas destinadas al desarrollo económico, social e institucional del país e informar sobre el diseño y ejecución de políticas públicas de largo plazo”. Seguro que algunos jurisconsultos podrían desterrar esta “salida constitucional” pero en todo caso la voluntad política será quien determine su factibilidad o no.

Aún a pesar de que las nuevas constituciones promulgadas por otros países hermanos no han sido la respuesta a sus innumerables problemas, creo que estamos perdiendo una oportunidad histórica de reconstituir nuestra Carta Magna, que fue elaborada para y por los que detentan el poder, solo para garantizar el círculo vicioso de quien más tiene, más y mejores oportunidades tiene.

Será que la Asamblea Constituyente era un eslogan de campaña o es una necesidad real de participación ciudadana en la construcción de nuestro país?

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