15 abril 2004

Necesitamos construir un puente

Parece que la caída del puente Gumucio, no solo ha significado la caída de una estructura ingenieril que por el mal mantenimiento, inevitablemente cedió a la fuerza de la naturaleza. Parece que su caída, ha simbolizado el desmoronamiento de las posibilidades de entendimiento entre bolivianos... si entre bolivianos; negros, blancos, mestizos, quechuas, aymaras, guaranies, castellanos.

Solamente después de la inmolación del minero, entendí porque los palestinos eligen este método para hacer sentir la voz de un pueblo que se siente oprimido por un monstruo con un invencible poder bélico. Solo que en este caso, no es el poderío del Estado Israelí, es la indolencia, indiferencia, abuso, soberbia y sobre todo incapacidad de un Estado Boliviano, que no ha podido resolver los asuntos básicos que han mellado la dignidad de las personas a tal punto, que es mejor quitarse la vida para recuperar esta dignidad, y de paso esperar que este acto por lo menos despierte algún ápice de sensibilidad de quienes son los responsables de la conducción de este monstruo depredador llamado Estado.


Todo esto creo que ha sido una fuerte llamada de atención, como cuando una ambulancia esta recorriendo el camino llevando a un enfermo grave. Es imprescindible abrirle paso a la ambulancia para que el enfermo llegue al hospital y que por lo menos tenga la posibilidad de ser atendido en mejores condiciones.

No podemos permitirnos el lujo de que la intolerancia, nos lleve a cobrar sangre, porque una vez que crucemos esa línea, no habrá posibilidad de reconciliación. Cuando cada uno de nosotros tenga a un muerto en el barrio, en el colegio, en el trabajo, o en la familia, no nos detendremos a pensar si el que lo mato tuvo o no tuvo razón, la sed de venganza nos segara como ciega a judíos y árabes; y mira quien lo dice.

Necesitamos con urgencia construir un puente, esta es una Carta Urgente para Bolivia, porque ahora es posible que ya no sea Bolivia la que se muera, sino sean los bolivianos que se mueran, y si así fuera los muertos que cayeron para recuperar la democracia o aquellos que murieron durante la demodura o la dictacracia, se revolcarían en sus tumbas porque de nada sirvió su caída.

Y esto no es un afán de salvarles el cuello a quienes todavía no han entendido que el país ha cambiado, sino es para garantizar que estos sujetos en río revuelto, no se laven las manos a propósito de Semana Santa.

Ojala que la tolerancia sea la estructura de este puente que permita reconstruir este país, en el entendido que significa respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque repugnen a las nuestras.

Hasta Victor Hugo en un poema magistral decía “...te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.”

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