12 octubre 2010

Por mi raza hablará el espíritu

El título del presente artículo, es el lema que llevan todos los documentos oficiales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en especial en el escudo Universitario. El autor de esta frase es José Vasconcelos, filósofo, abogado, escritor, político, historiador y educador, que fue Rector de la UNAM en 1920 y le dotó de su actual escudo en el cual el águila mexicana y el cóndor andino, cual ave bicéfala, protegen el despliegue del mapa de América Latina, desde la frontera norte de México hasta el último rincón de Sudamérica. "Nuestro continente nuevo y antiguo, predestinado a contener una raza quinta, la raza cósmica, en la cual se fundirán las dispersas y se consumará la unidad" soñaba este gran hombre.

Seguramente hoy se revuelca en su tumba, al saber que en un país como Bolivia los promotores de la revolución democrática cultural, aprobaron una ley contra el racismo y la discriminación. Que en vez de construir la raza cósmica –con la que el soñaba- se esfuerzan en amplificar las diferencias de los tenues colores de nuestra piel, de nuestra vestimenta, de nuestra forma de hablar, en síntesis de nuestras diversas culturas.

Pero el fin justifica los medios; decía Maquiavelo, entonces es necesario encontrar una característica que obligue a los sectores populares a aglutinarse, ya que lo político per se ya no es suficiente. Y de paso utilizar la posibilidad del castigo, contra todos aquellos que osen hablar con libertad en contra del proceso de cambio y de su magno líder espiritual. Y por si fuera poco, se coarta la libertad de prensa creando un mecanismo de censura previa –prohibido expresamente en la Constitución- en caso de que el cuarto poder decidiera cuestionar algún acto del magnánimo Presidente y su sequito de llunkus. No importa que todos ellos, estén disfrazados cual si fueran a una fiesta folklórica del carnaval y asuman posturas por demás impostoras a sus propias creencias.

Y claro si el objetivo fuera otro, por ejemplo la construcción de la bolivianidad a partir de reconocer la contribución de moros y cristianos, cambas y collas, norteños y sureños, entonces el camino también debería ser otro. Porque en el fondo el problema no es la ley, sino la aplicación de la misma, la imparcialidad de las autoridades que investigan, acusan o juzgan. Peor aún, el sometimiento de estas a cualquier oligarquía gobernante. Y que en el fondo no seamos iguales ante la ley y la justicia.

Y mientras tanto, no importa que la mayoría de la gente (cualquiera que sea su raza) siga sin poder tener un trabajo digno, sin poder comer, sin tener agua potable o un servicio sanitario decente, sin tener acceso a la educación o la salud, ya ni hablar de vivienda o vestimenta. Lo único que importa es dar “señales” de que el proceso de cambio justiciero esta avanzado y se está eliminando cualquier vestigio del viejo estado colonial. Por favor, por lo menos sean honestos intelectualmente y dígannos que en realidad la gente es y será siempre un instrumento para ustedes para mantenerse en el poder y todo aquel que ose cuestionar su magnánimo poder será eliminado porque si, por la razón o por la fuerza. Y solo entonces, mi espíritu no hablara.

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