22 diciembre 2010

Federalismo y Autonomía

El gobernador depuesto de Tarija, Mario Cossio, a tiempo de denunciar un golpe de Estado en su contra dijo “Creo que es hora de plantear con toda la contundencia la necesidad de abrir un nuevo debate de impulsar una autonomía federal donde los pueblos puedan tener su propio Poder Judicial”.

Cabe recordar que la discusión sobre el federalismo no es nueva en Bolivia. En 1871, tras un sexenio signado por el abuso de poder de Melgarejo, se lo termino derrocándolo (enero) y convocando a la Asamblea Constituyente (junio a octubre), donde el diputado cochabambino Lucas Mendoza de la Tapia, propuso a nombre de la representación cochabambina la trasformación del Estado Unitario en uno Federal.

En 1899 se libró la guerra federal, donde La Paz le arrebato a Sucre la sede de gobierno y el liderazgo político, bandera política –la federal- que olvidaron rápidamente pues decidieron adoptar la Constitución unitaria de 1880. El 11 de enero de 1931 la propuesta federal de Salamanca fue aprobada en un Referéndum Nacional, la cual paradójicamente fue vetada por el mismo Salamanca ante la amenaza de un conflicto bélico con Paraguay.

Después de la guerra del Chaco, se gestó la idea del nacionalismo que se concretó en la Revolución de 1952, desplazando así las aspiraciones de descentralización que resurgieron –expresadas en normas- en 1985 (Ley Orgánica de Municipalidades), 1991 (Proyecto de Ley de Gobiernos Departamentales), 1994 (Ley de Participación Popular y Descentralización Administrativa), 1999 (Ley de Municipalidades) y finalmente el 2006 con el Referéndum Autonómico.

El partido de gobierno, planteo durante la Asamblea Constituyente la construcción de un Estado Federal Plurinacional, pero rápidamente tuvieron que dar un giro inesperado pues esa idea conspiraba contra el proyecto de hegemonía política que quisieron plasmar en la nueva Constitución.

El pueblo potosino, hace meses atrás también planteo el federalismo como una respuesta a la falta de atención a sus problemas estructurales, que tienen que ver con pobreza, desigualdad, subdesarrollo y falta de reciprocidad del gobierno central a los recursos que aportan desde su región.

Quienes creemos en los procesos de descentralización, sostenemos que el modelo autonómico es el adecuado para Bolivia, pues a diferencia de otros Estados, nosotros no estamos en un proceso de desintegración; a pesar que maliciosamente el gobierno pretendió imprimirle esta etiqueta a la demanda autonómica.

Creemos que el mejor gobierno es aquel que está más cerca de la gente. Y si bien hay un proceso autonómico municipal consolidado, se requiere completar dicho proceso con gobiernos autónomos departamentales fuertes política y económicamente, que tengan una visión en función a las necesidades particulares de cada región y sus potencialidades, que se exprese en sus Estatutos Autonómicos, sus Leyes, Programas de Desarrollo y presupuestos departamentales. Sin que esto signifique que en el futuro, producto de la propia dinámica legislativa de cada departamento, podamos discutir la migración a un Estado Federal.

Uno de los problemas pendientes es la generación y distribución de los ingresos del Estado en sus diferentes niveles de gobierno a través de un nuevo pacto fiscal. El grado de autonomía estará ligado fundamentalmente a la descentralización fiscal y a su autogestión.

La judicialización de la política, el autoritarismo, la concentración del poder y el uso y abuso de los órganos de poder, no se resuelven planteando un Estado Federal.
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